jueves, 14 de octubre de 2010

HOMENAJE A MANOLO PÉREX CASAUX

Nada más saludable que caminar despacio por calles empinadas
y respirar de pronto
los blancos azahares.

Poco importa el ruido de la moto del auto si descifras los cantos
entre sus enramadas
de ocultos gorriones
evocando qasidas calle Cuervos arriba.

Pasan pasan las horas. El reloj las divide. Esquivo se nos muestra
este tiempo imparable
si tratamos de asirlo.

¿Qué locos hemos sido olvidar la belleza?
-Primavera radiante-

¿Qué ciegos nuestros ojos? La silla del caballo delirante silueta
batalla tras batalla
fracasa cada tarde
al paso
de las
sombras.

Ruinosos edificios destilan jaramagos entre sus pedregales
del barrio nazarita.
Benaocaz se silencia ante el tiempo perdido

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