Me comenta el camarero
que a ella no le interesa nuestro amor,
al mirarlo me pregunto:
¿qué le importará a este pavo criticón?
Pónmela bien fresca, pido otra cerveza,
maduro la respuesta;
que me está engañando tengo la certeza,
¡siempre estás dispuesta!
Si te habló de alguien... ¡ella no me importa!,
estaba borracho;
la noche y la juerga, ya no me soporta...
¿Y ahora qué hago, macho?
Espero que no se note,
lo que dice el camarero y otros más,
que la hiel se me alborote.
Por eso escribo un WhatsApp:
«Amor mío, eres tú mi devoción,
no me dejes en olvido,
no abandones mi pasión,
porque he sentido un rugido».
Dentro de mi pecho, ya no sé si estás conmigo.
Que comentan en el bar
lo contenta que te han visto con un nuevo amigo.
No lo puedo soportar.
Y cerveza tras cerveza en esta barra de bar
la cabeza va a explotar,
los celos me están comiendo de tanto pesar,
muerto estoy de malestar.
Oigo un sonido, respondes a mi WhatsApp.
No me lo puedo creer,
lo leo una y otra vez, me digo «no puede ser»,
¡porque tú me quieres ver!
Y recibo otro mensaje donde me escribes:
«Mándame un Bizum, cariño,
cien euritos, que ya te los pagaré...
¡Te mando muchos besiños!».
Jesús María Serrano

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