Unas líneas debo escribir muy desgarradas
y a desgarrado no me gana nadie a mí,
porque mi amante se ha caído de costado:
se ha roto la pelvis y la nariz.
La sirena sonando en la avenida,
los coches frenando al escucharla;
el tráfico se aparta ante sus luces
por el grave accidente, ante la vida.
Oh, qué triste estoy tras el accidente,
no sé si quedarme, ir o venir,
mientras permanece residente,
la preparan para intervenir.
Los quirófanos se abren a su paso,
las luces se entristecen
al verla venir.
Lentas pasan las horas de hospital,
pero yo permanezco a su lado,
y en la habitación, dos pacientes más.
¡Qué mala suerte caerse de costado!
Y romperse la pelvis y la nariz,
despeñándose del tejado
donde iba a tender cuatro trapos,
y acabar en Urgencias en ambulancia.
No es gran distancia.
¡Ya es mala suerte!
¡Ya es mala pata!
Casi se mata.