Eras la locomotora
que Buster Keaton soñara;
eras la lancha motora
de «Con faldas y a lo loco».
Y si te parece poco,
yo te cantaba y cantaba
de la noche a la mañana
con la sonrisa bien ancha.
Eras tarta de manzana
a media tarde de enero;
eras azúcar de caña
para el té que yo prefiero.
No me movía de tu lado,
te miraba y remiraba,
y tú a mí me sonreías
cuando a mi lado pasabas.
Eras la locomotora,
la más potente de todas,
que a las sierras se subía...
Eras tú la vida mía.
Y cada vez que se escucha
pararse en nuestra estación,
invento que es tu tacón.
Ha merecido la lucha.
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