Somos tu pelo y el mío bailando un bolero,
sueños imposibles de los prisioneros;
pasos perdidos, la tierra que llama,
deshojados libros que claman lecturas.
Somos las líneas de las pitonisas,
todo un armario de viejas camisas;
pero también somos todos los deseos,
tantas mentiras que arrastra la vida.
Somos lo que no somos, lo que mentimos,
en tierras prohibidas, muertes redivivas.
Pasos de bolero, los grandes sonetos,
versos que no escribimos: sol, lluvia, caminos.
Somos el surco de un vinilo sordo,
en la penumbra de la habitación;
besos urgentes, combate de brazos,
trinchera dulce de transpiración.
Somos cigarrillos que no tienen fuego,
fotos olvidadas que ya no miramos:
viejos cuadernos, lápices, cartillas,
caras conocidas que se difuminan.
Somos la suma de miedo y sonrisa
en las analíticas del consultorio,
atados al cuello con mil abalorios,
pasos indecisos, temores y prisas.
Somos las calles estrechas y andadas
y tantas puertas que esconden la vida,
pero también somos ojos que miran:
un corazón que late en las partidas.
Hechas de arena pintamos las frases,
un salvamento del peor naufragio;
la gran altura que trae el oleaje
es el presagio de nuestro santuario.
Y si alguien pregunta quiénes somos,
contestaremos alzando la voz:
¡hechos de polvo estamos, de polvo,
y la sucia argamasa del amor!
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®Jesús María Serrano
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