La Luna camina durante la noche,
su paso ilumina casi todo el porche,
y mientras camina
nos damos dos besos:
uno por cachete
muy poquito a poco.
Tu sombra, tu sombra te persigue,
te compro una joya,
te regalo un broche,
un barato broche de bisutería,
la Luna lo sabe
que es de fantasía,
de fantasía.
Luna que te arrastras cada noche
a sabiendas que amanecerá,
tú sí que conoces,
tú sí que lo sabes: la Tierra,
la Tierra de verdad,
para acabar durmiendo
como amaneciendo
en la playa larga,
la playa de Roche,
la playa de Roche.
Eres y lo sabes como un cigarrillo
en el firmamento;
por eso si digo que no te conozco,
miento;
si digo que no sé quién eres,
miento;
miento, miento y miento y no,
y no, y no te encuentro.
Quizás sea culpable la bisutería
o el tipo que la vende
en la joyería,
o que la noche sea la enemiga
del Sol, la mañana
y las fantasías.
Por eso te escribo canciones
las noches de enero
y pongo un vinilo
que gire y que suene,
me llegue muy dentro.
Muy dentro.
Tu sombra, tu sombra te persigue,
te compro una joya,
te regalo un broche,
un barato broche de bisutería,
la Luna lo sabe
que es de fantasía,
de fantasía.
La Luna lo sabe
Y al pecho lo prendes,
con coquetería
con coquetería…
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