Si prometéis sigilo, si guardáis el secreto
os contaré que un día: ¡qué jóvenes entonces!
De amor y ternura eran nuestros ropajes
cuidaban nuestros juegos arcángeles risueños.
Recuerdo: yo os lo juro, con cientos de gacelas
cabalgar los desiertos en noches estrelladas.
Los dioses yacían muertos –nadie ya creía en ellos-.
Con justicia y acierto gobernaban la tierra
el geranio y la cinta. Nadie pasaba hambre:
Todos teníamos casa: la tristeza se ahorcó.
Era estación la risa salpicada de nácar
dibujo de alameda, Sanlúcar por la tarde.
La sombra que te llama acogedora y fresca:
el valle de las danzas y vino a todas horas.
¿Quién nos roba la magia de plantar en la luna
hijos con seis sonrisas araucarias rotundas?
¿Quién esconde las caras de la gente que amo
sencillas eficientes radiantes generosas?
¿Quién aparta sus manos hechas del terciopelo
de las nubes lejanas las tardes de verano?
Quizás no recordéis que dioses hemos sido
todos de nuestra casa –el dolor no era nada-.
Quizás no recordéis el néctar en los labios
el brazo que te acuna, el pecho de la madre.
Quizás no recordéis que todos fuimos reyes
y gobernamos mundos hechos de fantasía.
Ya entonces os quería –conocía vuestras voces-
por eso, yo os lo pido: repetid estos versos
y cuando ya no exista: gozad y recordadme.
ooOOoo
martes, 12 de octubre de 2010
DE LAS MUJERES Y LAS PALMERAS
Poco importa amar a una mujer
una palmera
-ambas saben tan bien contonearse-
y el amor extenderlo como sombra
ofrendar la luz – la maravilla -.
Como la miel más dulce de los dátiles
ardientes dunas son los de mi amada
mis labios recuesto sobre ellos
y es la arena fundiendo la utopía
-la arena del desierto-.
¡Qué prodigio me llama día tras día
en el albor de las ventanas
irisando de azul estas paredes
soles y verdes manos en los muebles
para que me siente y lo contemple!
Poco importa amar a una mujer
una palmera
capitanías de todo el universo
aman ríen sufren callan sueñan.
¿Cómo puedo pagar tanta belleza?
Oo00oO
una palmera
-ambas saben tan bien contonearse-
y el amor extenderlo como sombra
ofrendar la luz – la maravilla -.
Como la miel más dulce de los dátiles
ardientes dunas son los de mi amada
mis labios recuesto sobre ellos
y es la arena fundiendo la utopía
-la arena del desierto-.
¡Qué prodigio me llama día tras día
en el albor de las ventanas
irisando de azul estas paredes
soles y verdes manos en los muebles
para que me siente y lo contemple!
Poco importa amar a una mujer
una palmera
capitanías de todo el universo
aman ríen sufren callan sueñan.
¿Cómo puedo pagar tanta belleza?
Oo00oO
PRAHA (LA LLEGADA)
Si no fuese por la Guardia Civil
ni por el arco ése que te radiografía
llegar a tí sería como un suspiro.
Si no fuese por la estrechez de los asientos
o la tabarra de las azafatas
recordando que hay ocho salidas
¿De qué nos servirá un salvavidas
estando a 21,000 pies?
Luego serán las nubes las montañas
Niza y los Alpes siempre tan nevados
bordear Italia, volar sobre Austria
luego Alemania y Ruzinhe abajo.
Y el bus número 100 dirección Slizin
tu metro ruso con acceso central
y el silencio de las estaciones
es cuando noto que he llegado a casa.
Y subo con miedo tus escaleras
intuyo el Vltava muy frío sobre mi
ya estoy otra vez pisando tus adoquines.
Porque no eres una ciudad cualquiera
tampoco eres siquiera una ciudad
sino una trampa que me posee.
Y el chirriar de los tranvías
sus apeaderos en medio de las calles
donde nadie fuma ni habla ni se miran
donde no me siento nada extraño
y en Andël salgo y miro las catenarias
los mendigos las bolsas de la compra
acaricio la máquina expendedora
procuro no sentarme para sentirte cerca.
Y un cementerio nos recibe
Bertramka donde vivió Mozart
avanzan las oficinas los negocios
en Klamovka bajo las maletas.
Entonces me recorre un escalofrío
¿qué hago aquí tan lejos de mi casa
donde no hay mar ni tampoco me entienden
y el sol se oculta tan temprano?
Y es que los adoquines de tus calles
ejercen tal influjo sobre mi
que siempre vuelvo a pisar tus aceras
como vuelven los presos a los cárceles.
Y me prometo no volver a cruzarlo
no mirar las estatuas del gran puente
ni perder la vista entre sus aguas
pero el Vltava me llama a que lo adore.
Recuerdo entonces al Guadalquivir o al Tejo
al Luxus, al Darro que cruza Granada
y todos ellos parecen tan pequeños
tan insignificantes.
Y paseo por tus calles de la Ciudad Vieja
tan llena de turistas con sus cámaras
tan ciegos tan contentos tras la banderita
y me ciegan sus flashes y sus risas
porque yo ya soy Praha y en la esquina
se esconde mi sombra divertida
como recuperada de un destierro.
Del libro LAS CIUDADES
ni por el arco ése que te radiografía
llegar a tí sería como un suspiro.
Si no fuese por la estrechez de los asientos
o la tabarra de las azafatas
recordando que hay ocho salidas
¿De qué nos servirá un salvavidas
estando a 21,000 pies?
Luego serán las nubes las montañas
Niza y los Alpes siempre tan nevados
bordear Italia, volar sobre Austria
luego Alemania y Ruzinhe abajo.
Y el bus número 100 dirección Slizin
tu metro ruso con acceso central
y el silencio de las estaciones
es cuando noto que he llegado a casa.
Y subo con miedo tus escaleras
intuyo el Vltava muy frío sobre mi
ya estoy otra vez pisando tus adoquines.
Porque no eres una ciudad cualquiera
tampoco eres siquiera una ciudad
sino una trampa que me posee.
Y el chirriar de los tranvías
sus apeaderos en medio de las calles
donde nadie fuma ni habla ni se miran
donde no me siento nada extraño
y en Andël salgo y miro las catenarias
los mendigos las bolsas de la compra
acaricio la máquina expendedora
procuro no sentarme para sentirte cerca.
Y un cementerio nos recibe
Bertramka donde vivió Mozart
avanzan las oficinas los negocios
en Klamovka bajo las maletas.
Entonces me recorre un escalofrío
¿qué hago aquí tan lejos de mi casa
donde no hay mar ni tampoco me entienden
y el sol se oculta tan temprano?
Y es que los adoquines de tus calles
ejercen tal influjo sobre mi
que siempre vuelvo a pisar tus aceras
como vuelven los presos a los cárceles.
Y me prometo no volver a cruzarlo
no mirar las estatuas del gran puente
ni perder la vista entre sus aguas
pero el Vltava me llama a que lo adore.
Recuerdo entonces al Guadalquivir o al Tejo
al Luxus, al Darro que cruza Granada
y todos ellos parecen tan pequeños
tan insignificantes.
Y paseo por tus calles de la Ciudad Vieja
tan llena de turistas con sus cámaras
tan ciegos tan contentos tras la banderita
y me ciegan sus flashes y sus risas
porque yo ya soy Praha y en la esquina
se esconde mi sombra divertida
como recuperada de un destierro.
Del libro LAS CIUDADES
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